lunes, 7 de enero de 2013

LECCIONES DE GRIEGO COMO UNA LENGUA VIVA: UN METODO SORPRENDENTE.


Hoy traigo por aquí un método de griego ( Lessons in greek as a living tongue de Theodoro Dwight) con el que me topado por internet en estos días de ocio más bien pantagruélico que ciceroniano. Se trata de un método en inglés absolutamente inclasificable escrito en...¡1833! que me ha dejado -casi diría- en un total estado de shock. En parte puede ser debido a su estupenda introducción: creo que nunca había leído una descripción del método directo tan sensata y tan llevada hasta sus últimas consecuencias lógicas, ni a una persona con la que compartiera tantos puntos de vista. Paso a comentarla brevemente para los que no entendáis inglés, aunque mi intención es traducirla completa y mandarla a páginas serias de clásicas, a ver si la publican.

Comienza el autor quejándose de la crisis que pasa en su país, los USA, el griego, ese venerable, altamente cultivado y utilísimo idioma, y sospecha que esta situación se debe tanto al desprecio hacia el griego de muchas autoridades educativas (seguimos en 1833, ojo) como por el método excesivamente gramatical que se aplica en las escuelas, ya que cuando una lengua es presentada para algo distinto que el uso práctico o como vehículo de pensamiento (…) nunca puede ser correctamente adquirida.

Pasa de aquí a una crítica a la enseñanza gramatical de los idiomas que no solo está muy lejos de adaptarse a las capacidades de los jóvenes, sino ideada según un plan que hasta un adulto la encuentra excesivamente difícil y carente de interés como para poder aplicarse a un trabajo constante. A este respecto, uno de sus argumentos más sensatos es cuando dice que aunque un profesor bien pueda reconocerlo como el método más común vigente en nuestras instituciones educativas, nunca se somete a sí mismo a semejante sistema al estudiar otro idioma -si es que puede evitarlo- sino que busca la ayuda de la voz viva y del oído. Porque ¿Cuánta gente enseña griego à la mode de chez nous , que dice la cantinela, pero a la hora de aprender inglés, francés o lo que sea ,no se olvida del golpe de gramática y diccionario y se pasa al método natural?

Se adelanta el autor al tan manido argumento de que el griego es una lengua-relicario, inviolable depósito de los más grandes pensamientos occidentales e indigna de semejante tratamiento rastrero en la medida que práctico. Su respuesta es que el objetivo del fileleno no es la admiración de la lengua griega  mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, sino el de lograr una familiaridad íntima (intimate acquaintance) con los clásicos griegos idéntica a la que tenemos con nuestra propia tradición y que sólo se puede lograr con un método vivo integrándolos en una tradición viva... porque está muy bien, digo yo, eso de ser turista ocasional en Atenas y quedarse pasmado en cualquier esquina con la visión de la Acrópolis, pero es mucho mejor ser un ateniense y no pasmarse tanto porque la ves todos los días. 

Trata luego el tema de la pronunciación a adoptar. Nuestro autor no se corta un pelo: en una enseñanza del griego como lengua viva sólo se puede usar la pronunciación moderna. Tengo que volver a leerlo porque no me lo puedo creer. Hay eruditos defensores de esta idea, claro, pero nunca JAMAS había leído algo así en un método escolar para jóvenes. Es aquí donde muchos autores de métodos, incluso los de los más rompedores y basados en métodos actuales aplicados en lenguas modernas (estoy pensado en estupendas obras como Polis, por ejemplo) se echan para atrás y no llevan sus planteamientos metodológicos a su conclusión más lógica. Nadie quiere quedar excluido del mundo serio de la pedagogía del griego y sólo hay que ver la mofa que produce la posibilidad de la pronunciación moderna utilizada en la enseñanza del griego clásico, como podéis ver en este vídeo del propio Rico (mofa por parte de supuestos docentes de griego, para más inri)... y esto en pleno siglo XXI. Así que en 1833, en un siglo de imperialismo brutal fundado en la supuesta supremacía cultural europea sobre las razas inferiores y el absoluto desprecio, entre tantos filólogos, por los degenerados descendientes de Pericles (algunos negaban hasta la filiación del griego moderno con el clásico) proponer semejante cosa es... increíble.

Pero no queda ahí la cosa. Es que, según el autor, el griego clásico se pronunciaba como el moderno y va a intentar probarlo. Esto se pone cada vez divertido. Me salto las extravagantes argumentaciones sobre diptongos, vocales largas, etc. (el interesado en semejantes erudiciones -que siempre hay alguno- puede acudir al texto) y paso a su argumento más sensato, irrefutable y único válido a favor de la pronunciación moderna:

todas estas consideraciones y ejemplos que intentan probar la antigüedad de la pronunciación moderna han sido expuestos aquí más para el disfrute del lector que como argumento a favor del tema (del uso de la pronunciación moderna). El autor quiere repetir que es la utilidad de su adopción en nuestras escuela base suficiente para proponerla, por mucho que la pronunciación antigua pudiera diferenciarse de la moderna.

Es decir, los argumentos pedagógicos tiene que prevalecer sobre los puramente históricos-filológicos o, dicho de otra manera más insultante, los argumentos históricos-filológicos no están a la altura como para desacreditar el uso de la pronunciación moderna en el marco de un método directo.

Un último tema a tratar por el autor son los dialectos griegos, entre los que incluye en igualdad de condiciones -¡agárrate!- el griego moderno. Esto tendrá su importancia en el desarrollo de las lecciones, como veremos.

Estas lecciones tampoco defraudan. En las 30 que forman el método podemos encontrar de todo... menos textos clásicos: selecciones del Nuevo Testamento, la Bilbia de los Setenta, traducciones de Paul et Virginie, canciones patríoticas de la Guerra de la Independencia Griega... hasta el punto, de que a algunos les podría parecer un método de griego moderno (del de 1830, claro). Pero no. A algunos, además, pero sólo a los que ya están echados a perder a causa de su (de)formación académica, porque a los niños a los que va dirigido el método se les ha dicho que el griego moderno es un dialecto más del griego clásico y, por lo tanto, sus textos son tan validos para aprender ático clásico -una vez señaladas las diferencias dialectales- como Herodoto, Píndaro, Safo o los corales de Eurípides pueden ser útiles para un filólogo con ese mismo objetivo.

Por lo demás, la estructura de las lecciones también es originalísima. Se presenta una serie de frases y textos y por medio de preguntas (¡cientos de ellas!... pena que no estén en griego) se intenta que el alumno deduzca una regla gramatical. No hay exposiciones gramaticales. No hay ejercicios. sólo una continua variación oral con los textos propuestos (declina tal, pon en plural, pon en singular). En fin, ver para creer.

Resumiendo, que si bien el método resulta un tanto caótico y se echa en falta un mayor cuidado a la hora de organizar el material, como idea metodológica me parece originalísima y tremendamente atrevida. Incluso si algo así se publicara hoy en día le darían por todos los lados, seguro, así que me encantaría leer las críticas que tuvo en su momento de publicación. ¿Llegaría este hombre a poner en práctica su método? ¿Hubo alguna vez niños que aprendieron griego clásico cantando canciones revolucionarias del 21 (de estricta actualidad en la época de la edición del método, no lo olvidemos)? No lo sé. Yo sólo sé que me hubiera encantado haber aprendido griego con este ya mi nuevo héroe, junto a Rouse, Blackie y otros pocos verdaderos φιλέλληνες en el sentido completo de la palabra.